Retornos
Le dio un disparo en el trasero abusando de la ocasión en que él se había agachado a reabrocharse la burra izquierda que por prescripción médica debía de llevar las agujetas flojas. El chorrito del grasoso ‘desodorante’ de coco que usaban en los baños se fue a vivir a la costura trasera del pantalón caqui del uniforme recién estrenado. Caín Amador sintió en la espalda la mirada arrepentida de su compañera quien encaramada sobre el torniquete del baño de hombres de la sala de Cuarta de aquella vieja central camionera permanecía congelada y roja. -¿Qué me hiciste, Loca? -Es que hueles feo… -¡Claro que huelo feo, Claudia Martha! No sé si no lo notes, pero este tambo que voy llenando va repleto de papeles con caca ¿Qué esperabas? -No lo digas así. -Es lo que es -replicó con sabiduría de Güémez al tiempo que se retiraba fingiendo no sentir la humedad en la cola. Pero no era lo que era. Caín Amador mentía por pena. Porque qué pena tener 19 años y aceptar que, media hora a...